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lunes, 7 de enero de 2013

BY PASS MANSICHE: NI UNA PALABRA MÁS

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El “baipás” de Mansiche no es sólo una obra de infraestructura, sino también social y ambiental. Por lo tanto, no sólo son expertos los técnicos en ingeniería, arquitectura e informática; también son los conductores, los peatones los policías de tránsito, quienes están en capacidad de aportar su experiencia 

Por: Raúl Rivero Ayllón

Ni una palabra más. Manos a la obra. Estas son las conclusiones después de tantas especulaciones  (algunas,  técnicas; otras, políticas; otras, ciudadanas; y otras, de mala fe). El tan promocionado “baipás” del Óvalo Mansiche será una realidad dentro de diez meses (plazo contractual entre la constructora y la MPT). En la última reunión, si bien es cierto los técnicos y funcionarios de la MPT explicaron sobre la urgencia de la obra y sus beneficios, no pudieron evadir la reflexión de la presidenta de la Cámara de Comercio de La Libertad: la necesidad de socializar, en forma anticipada y recepcionar la opinión de la sociedad civil sin distingos de ninguna índole, antes de ejecutar una obra. En este aspecto, la presidenta tiene toda la razón.

En todo proyecto, ahora las tecnologías informáticas matemáticamente nos dan resultados favorables. Sin embargo, debemos tener en cuenta que no sólo los datos numéricos determinan la factibilidad y el éxito de cualquier proyecto. El “baipás” de Mansiche no es sólo una obra de infraestructura, sino también social y ambiental. Por lo tanto, no sólo son expertos los técnicos en ingeniería, arquitectura e informática; también son los conductores, los peatones los policías de tránsito, quienes están en capacidad de aportar su experiencia (viven y transitan en las calles, a pié). 

Ésta experiencia, conjugada con la gestión edil, podrían concebir obras que armoniosamente se orienten a la perfección (¿Y por qué no buscarla?), en una ciudad que cada día ya no es de los trujillanos de abolengo español.
Una de las preocupaciones latentes, es la percepción de una política no sistémica en el tratamiento de la problemática de seguridad vial. Ya lo comentamos en el diario La Industria, cuando se intentó aplicar multas a los peatones infractores de las reglas de tránsito: la seguridad vial por su misma naturaleza implica la intervención dinámica de peatones, conductores (públicos y privados), policías de tránsito, autoridades y funcionarios responsables de la administración pública.

Un sistema de seguridad vial considera los componentes: infraestructura (pistas, veredas, rampas, puentes peatonales, “baipás”); señalización; semaforización (para peatones y conductores); paraderos, sistema de zonas rígidas; rutas para vehículos de transporte público. Asimismo, el humano (policías de tránsito, autoridades fiscalizadoras, peatones, conductores), educación y promoción de la cultura de la seguridad vial. Si todo ello se cumple, la ciudadanía valorará el impacto del “baipás” en forma favorable. Caso contrario, será una obra más como los actuales óvalos (Mansiche, Grau, La Marina, Mochica), de las cuales -desde que tengo uso de razón política (década del 70)- nunca hubo controversia, como en el caso del hoy “Intercambio Vial del Óvalo Mansiche”. 

Sin embargo, los ciudadanos sufrimos la afuncionalidad de dichos óvalos: no cumplen su rol en forma idónea. En el caso del “baipás” Mansiche (la primera obra emblemática de Trujillo), después de entregada la obra -con exactitud- podremos valorar su impacto: si resolvió el problema de tránsito vehicular. Es natural que la ciudadanía exija obras de “calidad”. Recordemos que la calidad está dada por la “propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. En consecuencia, ¿quién debe juzgar si el “baipás” es o será de calidad? 

Serán los operadores de la seguridad vial: conductores de vehículos (privados y públicos), los peatones (quienes sufrimos por la semaforización sólo para conductores), los policías de tránsito, los habitantes y representantes de instituciones (quienes viven “segundo a segundo” el caos vehicular actual). Por lo expuesto, la calidad de la obra no está garantizada sólo por “el resultado del software informático” (a decir, en forma reiterada, por los técnicos y funcionarios de la MPT). 

En síntesis: el público –ciudadanos que pagamos tributos a la municipalidad- y la opinión pública son los que determinarán la calidad de la obra. Mientras tanto, otorguemos nuestra confianza a la gestión edil. Recordemos que todo proyecto es una hipótesis de trabajo y al gestor gubernamental debemos darle nuestro respaldo. Ni una palabra más. Manos a la obra.