Cuando se disponía a salir, abriéndome paso entre la multitud logré alcanzarlo. Ya junto a él, pude entrevistarlo brevemente en los escalones del cabildo de la ciudad. Comprobando que su dominio del español era dificultoso y, evocando épocas pasadas, decidí hablarle en su propio idioma.Por: Freddy Gálvez Delgado
Escuché ayer, por primera vez en el Perú, el Himno Nacional de Japón. Ocurrió luego de tres años de haber regresado de ese enigmático y desarrollado país. Traté de concentrarme al máximo. Tan pronto como empezó a sonar la suave melodía del Kimigayo, como se le llaman los ciudadanos japoneses a la melodía de su patria. Vinieron así la memoria las numerosas oportunidades que tuve la ocasión de deleitarme atendiendo esas sublimes notas que dan la impresión de traducir una inocultable melancolía.
Simultáneamente, se revelaba en mi mente la emblemática Torre de Tokio, el orden demostrado en las calles por conductores y peatones, así como la impresionante puntualidad del sus trenes como el Yamanote, en la capital y el Shinkansen, a través de casi todo el archipiélago. También el profundo significado de la reverencia al saludar, el respeto a los demás, la limpieza de sus calles, el jolgorio de sus fiestas, las reuniones que tienen hora de inicio y término y la fascinante silueta del Fujiyama, considerado como uno de los símbolos del país.
La aseada costumbre de ingresar descalzos a sus hogares, su inconmensurable amor por la naturaleza y esa paciencia, que dura un año, de sentarse en los parques a esperar que la delicada hoja del sakura impacte sobre sus cuerpos en señal de salud y prosperidad, constituyen motivo de singular admiración. A media canción, sentí que algunas lágrimas rodaban por mis mejillas. Es que luego de vivir durante muchos años en un país donde casi todo marcha a la perfección, resulta con frecuencia motivo de añoranza.
Luego de la ceremonia, realizada en la Municipalidad Provincial de Trujillo, la comitiva visitante fue aislada por las autoridades locales para ofrecerles el brindis de rigor, lo que impidió dialogar con el Embajador de Japón. Cuando se disponía a salir, abriéndome paso entre la multitud logré alcanzarlo. Ya junto a él, pude entrevistarlo brevemente en los escalones del cabildo de la ciudad. Comprobando que su dominio del español era dificultoso y, evocando épocas pasadas, decidí hablarle en su propio idioma.
Comentó que era la segunda vez que visitaba Trujillo, antes lo hizo con motivo del APEC. Que sabía de la puesta en valor de las Huacas del Sol y de la Luna, así como de la ciudadela de Chan Chan, que las recorrerá en una próxima oportunidad. Terminó expresando un emotivo saludo a la población trujillana que, según estaba enterado, es reconocida a nivel mundial por su hospitalidad. No hubo más. Las personas encargadas de su seguridad, con muy poca cortesía, impidieron proseguir con las preguntas.
Pero fue suficiente. Al oír el himno japonés afloró en nuestro corazón el sentimiento oriental que terminó por embelezarnos el tiempo que compartimos con la gente de esa lejana tierra. Así mismo, las dificultades e impotencia para tratar de plasmar en el Perú, a través de artículos periodísticos, algunas normas elementales que caracterizan a Japón. La razón posiblemente sea la diferencia de idiosincrasia y cultura existente entre ambas naciones.
Sin embargo, quedará permanentemente en nuestro recuerdo que hay un país donde todo se desenvuelve en un ambiente de extremo orden, especial vocación por el trabajo e inmaculada honradez. El acto protocolar al que asistí sirvió como la más clara evidencia para confirmar que gran parte de mi espíritu, se quedó en Japón… para siempre…




Uno de estos sitios arqueológicos es la Huaca del Sol y La Luna, adelantando que el próximo sábado estará en este recinto para detallar al respecto. “La idea de poner en valor un sitio arqueológico se da para ayudar al desarrollo social y económico de la región”, manifestó informando además que tiene previsto convenios con 2 universidades locales. Murgia Zannier manifestó que es el primer convenio que el gobierno regional firma con la embajada francesa sosteniendo que esto se da gracias al desarrollo del proceso de descentralización que da autonomía a las regiones y permite establecer estos convenios.
“Por otro lado Japón está atento a todos los esfuerzos del gobierno a través del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo porque el gobierno japonés apoyó un proyecto sobre la potencialidad turística del norte hace algunos años y como resultado de eso ya se está impulsando la ruta Moche y también contamos con un voluntario en turismo que se encuentra en Magdalena de Cao ayudando a mejorar la potencialidad turística de este distrito donde se encuentra el Complejo Arqueológico El Brujo”, informó. 
“A estas familias las estamos visitando viendo y cumpliendo sus controles de sus vacunas y sus visitas a la Noria, y sobre todo de cómo en su hogar se viene dando su vida diaria orientarlas en nutrición adecuada, saneamiento básico elemental y sobre todo el hábitat en donde ellos se desarrollan para darles sostenibilidad a este servicio de salud. Se tiene previsto cuatro campañas en todo el calendario anual, esta es la primera campaña del año que se está realizando; nosotros como Noria tenemos como seis sectores, pero hemos tratado de evaluar los sectores que más necesitan que nos desplacemos para brindarle atención in situ”, agregó.